Pintar sin pedir permiso
- Aina Lino
- 4 jun
- 7 min de lectura
Actualizado: 6 jun
Patricia Paz entiende la pintura como un ejercicio de libertad. Hablamos con ella sobre retrato, color, intuición y autenticidad.
En un momento en el que gran parte del arte parece debatirse entre la visibilidad y el mercado, Patricia Paz reivindica la intuición como herramienta de trabajo. Sus retratos, reconocibles por una paleta vibrante y un trazo libre, son el resultado de una práctica que busca mantenerse fiel a lo genuino. Hablamos con ella sobre color, libertad, proceso y aquello que todavía persigue a través de la pintura.

Trabajas principalmente el retrato. ¿Qué encuentras en él que no te interesa buscar en otros géneros?
Me interesan otros géneros y, de hecho, voy incorporando en mi obra, en este último tiempo, paisajes que sirven de espacio de descanso y de reflexión para estos personajes de los que me valgo para contar historias. Desde hace ya unos años, podemos ver que mi obra ha evolucionado a algo más que retratos por medio de la cerámica, esas piezas que son parte de estas escenas que habitan en mi imaginario.
¿Qué te interesa capturar de una persona: lo físico, lo emocional o algo más?
Busco una armonía entre todo eso.
¿Qué tipo de artistas o trabajos te activan hoy algo profundo?
Los que muestran libertad y no lo que quiere el mercado.
El uso del rojo, azul y amarillo ha sido muy reconocible en tu obra. ¿Dirías que ese uso del color fue más intuitivo o una forma de poner límites al inicio?
Creo que me sirvió para tener una base y crearme un estilo propio, pero luego el estilo propio realmente salió por sí mismo al tener otras necesidades.
¿Qué papel juega para ti el color hoy: estructura, emoción o identidad?
El color es como un idioma, nos habla y nos guía. Es importante saber utilizarlo para que, si quieres transmitir algo, la gente lo entienda o lo sienta igual.
Tu trazo tiene algo muy orgánico, casi inmediato. ¿Qué relación tienes con el control dentro de la pintura?
Necesitamos técnica para saber cómo conseguir lo que hemos imaginado, pero también necesitamos tener una buena relación con nosotros mismos. Intento dejarme llevar por el impulso de lo que va saliendo, no es algo premeditado. Quiero que haya autenticidad, pero sin pensar que es algo impuesto. Intento dejarme llevar por lo que me sale innato y me dejo sorprender por lo que aparece, aunque muchas veces imagine las cosas de otra manera.
¿De dónde surgen las imágenes que decides pintar? ¿Hay observación directa, archivo, memoria...?
Un poco de todo. Soy una persona muy observadora y me gusta quedarme con detalles que me llaman la atención para ir poco a poco formando una imagen a mi gusto o lo más parecido a lo que he imaginado. El cine, las redes sociales, los libros y la propia realidad son una gran fuente de inspiración.
¿Qué te resulta hoy demasiado predecible dentro del arte o incluso dentro de tu propio trabajo?
Que se cree para vender y no para reflejar a uno mismo o al mundo que le rodea. Creo que esto hay que estar revisándolo constantemente. Yo lo intento.
¿En qué momento sabes que un retrato está terminado?
Cuando siento que estoy buscando qué detalles añadir de más. Ahí es cuando hay que dejarlo.
¿Qué estás persiguiendo en tu trabajo que todavía no has conseguido?
Que me permita vivir para poder crear con menos presión y tener más tiempo de observar, pensar, probar…
¿Qué papel tienen los materiales y las obras en proceso dentro de tu espacio?
Los materiales ocupan un lugar central en mi espacio de trabajo. El uso de cada uno me permite expresar lo que quiero conceptualizar y también intuir hacia dónde puede llevarme la obra. Muchas veces, además, es el propio material el que me ayuda a descubrir nuevos gestos dentro de la pintura.
Antes de empezar a trabajar, ¿necesitas ordenar o aceptar cierto caos?
Necesito ordenar. Mi taller actual no es muy amplio y, después de cada pintura, todo suele quedar un poco caótico. Antes de empezar una nueva pieza, me ayuda reorganizar el espacio, tener los materiales a mano y trabajar con más claridad.
¿Qué te dejó el graffiti que todavía sigue presente en tu forma de trabajar?
Me dejó varias cosas: el uso del aerosol, que todavía aparece en algunas pinturas, ciertas formas de dibujo y, sobre todo, una manera de acercarme al arte. Aunque siento que me separé de ese mundo hace tiempo. Entonces me interesaban más las letras, los espacios, salir a pintar con amigos. Hoy el aerosol permanece como herramienta, pero desde otro lugar.
Has explorado desde collage hasta pintura, pasando por diseño. ¿Qué te permite el cruce de disciplinas que no encuentras en una sola?
Me permite acercarme a cada disciplina desde una perspectiva más amplia. Todo el bagaje cultural y de conocimiento de cada área me inspira: su historia, sus artistas, sus diseñadores. Me nutro de eso para explorar distintos lenguajes y rescatar elementos que me interesa hacer convivir.
¿Cómo decides qué medio utilizar en cada momento? ¿Es una decisión previa o aparece durante el proceso?
Trabajo mucho por series o por medios. Cuando termino una serie, o cuando llevo tiempo en una misma técnica, suelo sentir la necesidad de cambiar la dinámica del proceso. Ahí empiezo a pensar hacia qué otro medio puedo moverme.
¿Sientes que hay algo que une todo lo que haces más allá del formato?
Sí. El trasfondo tiene que ver con comunicar ideas sobre cómo percibo mi entorno, la sociedad actual y ciertas preguntas filosóficas que me atraviesan. A partir de ahí aparecen las técnicas o los formatos. A veces eso no se ve de forma literal en las obras, porque trabajo desde una práctica abstracta, pero son ideas que vuelven de manera recurrente cuando pinto y cuando pienso qué quiero abordar.
En tu trabajo conviven patrones geométricos, gestos orgánicos e ideas ligadas a la identidad, lo introspectivo y el entorno. ¿Cómo se traducen esas tensiones en decisiones concretas dentro de la obra?
Son temas que me interesan, aunque también van cambiando con el tiempo. En la obra se traducen en decisiones sobre la composición, los materiales y lo gestual. Lo identitario y lo introspectivo suelen aparecer en lo orgánico; el entorno, en cambio, se relaciona más con las formas geométricas, con la arquitectura, con las fotografías que tomo y con la planificación de las ciudades. En la geometría hay formas y patrones que se repiten, porque es la parte más estructurada del trabajo. A partir de ahí, las texturas, la pincelada gestual y lo expresivo hacen que esa estructura se rompa, se desplace o pierda estabilidad.
¿Qué significa para ti resignificar o deconstruir patrones desde la pintura?
Son ideas que me interesan y que han estado presentes en la conceptualización de mi obra. Siento que gran parte del conocimiento que recibimos se transmite de forma dogmática, y que muchos de esos valores no han servido necesariamente para construir sociedades más armónicas. Desde ahí aparece para mí la necesidad de resignificar o deconstruir ciertos conceptos dados. Busco que las pinturas rompan composiciones esperables y que en ellas aparezca una cierta complejidad o extrañeza, en paralelo a estas reflexiones.
¿Cómo conviven en tu trabajo lo natural, lo humano y lo caótico?
Me interesa que esos conceptos, que en principio parecen opuestos, no funcionen como límites definidos, sino como zonas de transición donde puedan mezclarse y transformarse. Intento trabajar esos bordes borrosos y llevar esa idea de lo teórico a lo práctico, pensando las fronteras no como algo fijo, sino como espacios de posibilidad y de encuentro.
La geometría ha sido una base muy clara en tu trabajo. ¿Qué lugar ocupa hoy dentro de la obra?
Sigue funcionando como estructura en gran parte de las composiciones, pero ya no quiero que tenga el mayor protagonismo. Su papel ha ido cambiando y, en algunas obras, incluso ha desaparecido.
Cuando una pintura empieza desde una estructura, ¿en qué momento decides romperla y dejar entrar la intuición?
Cuando siento que una pintura está demasiado controlada, el propio proceso me lleva a romper esa estructura. Me interesa dejar que aparezca algo menos planeado, más abierto, y que la obra se desplace hacia lugares que no estaban previstos desde el inicio. Hay una parte de planificación, pero también necesito dejar espacio para que el descubrimiento ocurra durante el proceso.
¿Qué parte del proceso nunca se ve pero es fundamental para que la obra funcione?
Los bocetos previos, el dibujo, la búsqueda de paletas de color, la observación de la arquitectura, el cine. También investigar corrientes artísticas, descubrir artistas, entender sus obras e ir a exposiciones. Todo eso forma parte del proceso, aunque después no se vea de manera directa.
¿Qué te resulta hoy demasiado predecible en la forma de comunicar el arte?
Dentro del arte y de la pintura no siento tanto esa predictibilidad, porque continuamente encuentro artistas, obras o exposiciones que me sorprenden y me motivan. Tal vez lo más homogéneo hoy sea la manera en que se comunica el trabajo: las redes sociales tienden a imponer formatos muy parecidos, y es difícil no verse arrastrado por eso.
¿En qué momento sabes que una pintura está terminada?
Es difícil saberlo, y muchas veces me lleva tiempo. A veces doy una obra por terminada y, al volver a verla después, siento que todavía le faltaba algo o que podía expandirse. Darle tiempo y distancia me ayuda a verla con más claridad y a entender mejor cuándo realmente está resuelta.
¿Hacia dónde intuyes que se está moviendo tu obra ahora mismo?
Me interesa mucho el expresionismo abstracto y trato de incorporar cada vez más elementos de ese lenguaje. También me interesa planear menos las composiciones y dejar que la pintura genere una cierta extrañeza. Además, me atrae la idea de llevar la obra hacia un terreno más escultórico.





















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