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Pintar desde el inconsciente y el recuerdo

  • Foto del escritor: Martina Massad
    Martina Massad
  • 16 jun
  • 7 min de lectura

Brigitte Szenczi y Juan Antonio Mañas son una pareja de artistas que trabajan en paralelo, compartiendo una misma concepción de la pintura pese a desarrollar y firmar sus obras de forma independiente. Su práctica entiende la pintura como un espacio de pensamiento y conocimiento introspectivo. Su obra, cercana a lo metafísico, sitúa la imagen como una «ventana abierta» a lo invisible, activada por la imaginación y la asociación.

Brigitte Szenczi y Juan Antonio Mañas conciben la pintura como un espacio abierto de pensamiento, donde la imagen se activa a través de la asociación, el inconsciente y la mirada del espectador. En esta conversación para Intervalo, la pareja reflexiona sobre el proceso de construcción de sus obras, la presencia del cine, los espejos y las escenas que se despliegan como relatos incompletos, siempre en tensión entre lo visible y lo invisible. Su trabajo aboga por una pintura que no ilustra, sino que propone, interroga y deja que la obra siga viva en la interpretación de quien la mira.

 

Apertura

¿Cómo nace la idea para una escena de una pintura antes de llevarla a cabo?

Juan Antonio Mañas: Generalmente a partir de cuentos, mitos, la literatura en general.

También de imágenes guardadas. Por ejemplo, para Brigitte son muy importantes las imágenes antiguas que tiene de su familia, que para ella son fundamentales para hacer muchas obras. Pero, para mí, pueden ser imágenes guardadas por ejemplo de casas abandonadas o lugares industriales un poco destartalados.

Pero de cine tengo muchas desde hace muchos años. Veo una película y tomo varias imágenes: las guardo en una carpeta junto con el nombre del director y de la película. Y el año en que he cogido la carpeta. Porque a veces las repito cuando vuelvo a ver la película.

Pero también tanto Brigitte como yo hemos trabajado «el Laberinto».

Brigitte Szenczi: Estoy alrededor de un cuadro, de un tema, entonces voy metiendo informaciones en mi mente y lo tengo aparcado. A veces hay algo que surge de la nada, que como si mi inconsciente trabajara un poco fuera de mí.

Algo que me pasa mucho es que finalmente es el lenguaje del inconsciente el que sale al final. Cuando ojeo un libro de arte me suele suceder que mirando algo sin pensar en nada y, de pronto, me surge una imagen. En este caso se trataba de un cuadro de un hombre con bombín en una barca, en una laguna rodeada de naturaleza rocosa, pero faltaba definir qué o quién aparecería en la orilla para generar una relación con él. Al hojear un libro, encontré el boceto de Ingres para Angélica salvada por José, lo que hizo clic y dio lugar al personaje y a la historia del cuadro.


¿Qué os interesa más al empezar una obra: la idea, la imagen o la atmósfera?

Juan Antonio: Aquí la idea, el tema o la imagen inicial se va elaborando, como decía Brigitte, por un método asociativo: puede aparecer una imagen −como esa laguna con el personaje− sobre la que uno quiere trabajar, pero se mantiene «aparcada», sin forzar conexiones racionales. Aunque surjan posibles relaciones, no se les hace caso de inmediato, sino que se espera a que aparezca otra imagen que, de forma casi espontánea, encaje con la primera.

Cuando esa nueva imagen se presenta, la pruebo. La asociación suele funcionar y pone en marcha el cuadro. A partir de ahí, las asociaciones se encadenan, se van complicando y el tema se va ensanchando hasta llegar a la obra final. Como señala Victoria Cirlot en Marginalia, en este proceso el sujeto es importante, pero hay que dar entrada a «un nuevo invitado»: el inconsciente.

Brigitte Scenzi lo ejemplificó con su obra The StoryTellerEl cuadro, para mí, empezó con el índice levantado de mi padre en una foto. Parece contar una historia. Y la cuenta, a dos mujeres, mi madre y una amiga. Están los tres sentados en el suelo.

Alrededor de este grupo construí un laberinto circular. El paisaje, en lontananza, es un paisaje de Soria.


Cine en la pintura

Algunas de vuestras pinturas recuerdan a escenas cinematográficas de principios del siglo XX, ¿en qué momento una imagen podría llegar a parecerse más a una película que a una pintura?

Juan Antonio: Para mí siempre se parece más a una pintura, quizás porque para nosotros el cine es algo que se desarrolla en movimiento. Por ello los travellings me gustan mucho: me invento un personaje que va apareciendo en el mismo cuadro en diferentes momentos hasta llegar a un final. Esto es un juego originado por el cine. Aunque el tema parte a lo mejor de escenas o imágenes de películas, las asociaciones pueden seguir con otras imágenes que no tienen nada que ver, mezclándose. Siempre hay que tener en cuenta que las obras al final son abiertas y que el espectador tiene todo el derecho.

Brigitte: Por ejemplo, si es una historia nuestra, sí, desde luego, es abierta. Pero sí tienes que trabajar sobre, por ejemplo, una ópera: cada uno puede ilustrar una escena con una iconografía propia y que sea muy rompedora con la ópera.

Juan Antonio: Pues es como cuando hablamos del cine. Cuando un espectador acude a la ópera conociendo la obra, en la primera escena los personajes le sugieren unas cosas. Pero el que no ha ido, aquellos personajes le sugieren algo que no obligatoriamente le lleva por el camino de la ópera, sino que le lleva por otro.


Siguiendo esta línea cinematográfica de vuestras pinturas, ¿en qué os inspiráis para plasmar las emociones o pensamientos de los personajes?

Juan Antonio: Yo creo que las asociaciones es lo que van haciendo que los personajes se vayan desenvolviendo de una manera determinada. Más que los sentimientos que los personajes experimentaban en la escena de la película son los que se irán formando por su relación con el nuevo fondo que no tiene nada que ver con, a lo mejor, otros personajes que se incorporan.

Y entonces, la misma escena, al irse formando, es la que dará un sentido tanto al cuadro como a los sentimientos de los personajes.

 

¿Qué os interesa más: mostrar una escena o dejar que la escena ocurra? Partiendo que hay una trama detrás de ellas que el espectador debe desarrollar.

Juan Antonio: Yo creo que es esto, que la escena o el tema se va desarrollando y entonces el espectador, una vez acabado el cuadro, cuando lo ve, su imaginación le llevará también a desarrollarlo. Cuando hacemos visitas guiadas o exposiciones y empiezas a explicar cómo se ha elaborado el cuadro, notas enseguida que el espectador, al mismo tiempo, está pensando. Alguna vez alguien se acerca y te cuenta algo que se le ha ocurrido, y oye, a mí me hace mucha ilusión.

Brigitte: Lo que pasa es que también tú, como autor de la obra, al cabo de algún tiempo te conviertes en espectador de ella y ves cosas que habías pasado por alto.

Martina: Pero, además, esto que comentabais, que después de un tiempo miráis el cuadro y le dais otra interpretación, al final podríamos retomar esta idea del inconsciente.

Brigitte: Exactamente, es lo más importante que tenemos.


A continuación de la última pregunta, ¿creéis que pintáis una imagen o una escena?

Juan Antonio: A veces pasa que en una misma obra hay más de una: está la principal y luego la secundaria.

Brigitte: Si haces, por ejemplo, un retrato, a veces sí que hemos hecho alguno, pero muchas veces son escenas.

Juan Antonio: Sí, sería más esto, porque lo del retrato es un caso concreto. No nos dedicamos a hacer retratos, y si alguna vez hago alguno, lo meto con un fondo que ya le he dado.

Brigitte: Sí, es decir, que las escenas son mucho más excitantes y, para mí, inventar historias, inventar relaciones entre las cosas, entre la gente.

 

Espejos

La figura de los espejos aparece de manera repetida en vuestras obras, ¿por qué el espejo vuelve con tanta insistencia en vuestro trabajo? ¿Lo traducís como un elemento identitario de vuestras pinturas?

Juan Antonio: Yo diría que usamos los espejos por diferentes motivos. Hicimos una exposición en la Sala Parés cuyo tema era el espejo, donde trabajamos con muchos cuadros con este elemento. Yo busqué en todo tipo de películas, cine mudo y demás, escenas en las que aparecían espejos; a veces contaban el final de la película y otras algo que no tenía nada que ver.

Brigitte: Los espejos me fascinan, es algo mágico. Nunca te ves igual según el espejo, y además no te ves de perfil como te ven los demás; cuando consigues verte así, es como si vieras a alguien extraño, otra persona, y eso puede provocar incluso pavor. Yo lo experimento así.

Juan Antonio: Y luego te abre, yo siempre digo que es como una puerta: una salida o una entrada, te lleva por otro lado.

Brigitte: También está el escaparate, donde puedes hacer una especie de laberinto de reflejos jugando con los espejos.

Juan Antonio: Esto también lo hemos usado en cajas, cuando hacemos escenas dentro de una caja o de un marco, jugando con dos o tres espejos y multiplicando la imagen.

Brigitte: Y, aparte de todo esto, los espejos son bonitos.

 

¿El espejo en vuestra es un objeto, un recurso o un tema?

Juan Antonio: En la exposición Especulaciones en torno a un espejo en la Sala Parés fue un tema. Y claro, entre los dos, pues fueron muchas obras.

Pero si no, a veces, pues es eso lo que decíamos: es que es como una imagen que se presenta dentro del cuadro y que te puede abrir una puerta, te enseña el personaje o te enseña otra cosa que no tiene nada que ver.

¿Qué parte del espejo te interesa más: el reflejo, el borde o lo que deja fuera?

Juan Antonio: Me interesa que nos muestren algo que nos «enseña». Y sí, algo que está fuera del cuadro, de la historia que cuenta el cuadro...Una puerta abierta quizás.

 

Cierre

Cuando una obra se exhibe, el espectador tiene un papel esencial y perspectivas de una obra que ni incluso el propio artista podría haber planteado. Por ello, me gustaría plantearte qué te gustaría que el espectador completara por su cuenta al visualizar tus obras.

Juan Antonio: Yo creo que, en general, si es algo más abierto, el espectador tiene que seguir su camino. No es tanto que nosotros le enseñemos uno, sino las posibilidades de que escoja: el nuestro, el suyo o que siga deambulando. Lo más importante es que le despierte la imaginación y que participe en la obra.

Martina: ¿Creéis que el espectador es una pieza fundamental a la hora de construir el discurso de la obra?

Juan Antonio: Yo creo que sí, que no se puede restringir esa visión que vendrá después. Una vez hecho el cuadro, el espectador interpreta y tú mismo, con el tiempo, también lo vuelves a mirar e interpretar. Incluso cuando miras un cuadro barroco, aunque haya una historia concreta, siempre hay cosas que te sugieren.

Brigitte: Sí, pero eso surge al final, cuando ves la obra en el espacio expositivo, que es distinto a donde la has creado. Las obras dialogan entre ellas y entonces aparece el espectador; intentas ponerte en su piel y ver lo que has hecho casi por primera vez.

 

¿Qué necesitáis dejar abierto para que una obra siga viva?

Juan Antonio: Nada. La obra está abierta siempre. Y cuanto más ha ido pasando el tiempo, más, creo, esto se hace patente.



 
 
 

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