Atracción de lo desconocido
- Martina Massad

- 3 jun
- 8 min de lectura
Actualizado: 16 jun
David Jiménez indaga en la poética de lo incompleto y el vacío como espacios de revelación y de creación artística. A través de estructuras que conectan el fotolibro y la sala de exposición, el autor propone una obra latente que solo cobra vida bajo la figura y la mirada activa del espectador.
David Jiménez explora para Intervalo la imagen fotográfica como un ente vivo que habita entre el documento y el pensamiento. A través de la metáfora del iceberg y la importancia de la estructura circular, analiza cómo obras como Infinito, Aura o su exposición Universos buscan la inalcanzable «completitud» mediante la mirada del espectador. Una reflexión profunda sobre el arte como herramienta de conocimiento no racional y la eterna atracción por lo desconocido en la construcción del relato visual.

Apertura
¿Qué imagen te acompaña ahora mismo? Puede ser tuya o de otro artista.
Contestar qué imagen me acompaña es muy difícil, pero no imposible: me resulta complicado porque creo que realmente más que alguna imagen en concreto somos una amalgama de muchas imágenes, que es lo que nos constituye como personas.
No podría decirte una en concreto, pero hay muchas imágenes que sí son especiales para mí. Por ejemplo, El monje frente al mar de Caspar David Friedrich. Es una imagen que me ha acompañado siempre y que me parece que tiene algo que ver con mi trabajo.
Además, las imágenes de los sueños, más que una imagen en concreto, una tipología de imágenes. Yo tengo una vida onírica intensa y aunque no es que haga referencia a mi trabajo concretamente a ellas, son las más interesantes que tengo conmigo cada día. Y hay bastantes de ellas que no sé de dónde vienen, realmente son construcciones que seguro están hechas a trozos, pero son nuevas. He llegado a soñar que estaba tomando fotografías y a acordarme de ellas al despertar.
¿Qué proyecto sigue ocupando tu cabeza, aunque no estés trabajando en él de forma directa?
El que más está en mi cabeza es el que estoy haciendo ahora sobre Egipto y la obra Description de l´Egypte con el Museo Universidad de Navarra. Pero en realidad todos los proyectos anteriores siempre están presentes.
¿Qué parte de tu trabajo sigue siendo una pregunta más que una respuesta? ¿Te gustaría resolverla o prefieres que quede como incógnita? Me ha gustado mucho que me dijeras que había preguntas que no tenían respuesta, porque creo que la incógnita en el arte, o en una persona, o en la filosofía, etc., es un concepto esencial e interesante en la creación. Como si la persona muera con la duda incluso.
Sí, yo creo que crear es seguir resolviendo incógnitas y, por lo tanto, el esfuerzo por resolverlas siempre está ahí, aunque sabes que nunca se llega al final. Como tú has dicho, es parte de la esencia de la creación. Yo creo que está muy bien que las preguntas se vayan ampliando con nuevas preguntas, y lo que sucede al final es que casi te olvidas de la anterior. Incluso puede ser que la respuesta a una pregunta sea otra pregunta más interesante o profunda.
Una pregunta que sí me puedo hacer, que sé que tampoco resolveré, pero es ¿hasta qué punto el trabajo artístico sigue teniendo sentido en la sociedad en la que vivimos? Y mi respuesta es que sí, que sigue teniendo sentido, pero me pregunto de qué manera. Pienso que en algunos casos el arte es utilizado en modos que desvirtúan sus dimensiones más fundamentales. Y es una pregunta que yo creo que siempre lleva a una reflexión interesante.
Sobre la imagen
¿En qué momento una imagen deja de ser documento y empieza a funcionar como pensamiento?
Yo creo que una imagen nunca puede ser solamente un documento. Siempre muestra un modo de ver el mundo y tampoco es solo un pensamiento: más que un pensamiento, yo diría un reflejo del pensamiento. Es una forma de hablar. Aun así, creo que tampoco es solo un reflejo del pensamiento porque al fin y al cabo hay un encuentro con el mundo real. Creo que justamente la esencia de la imagen fotográfica en particular es estar entre los dos mundos.
Podemos llamarla un documento puesto que se refiere a la realidad, pero podemos llamarla un pensamiento también. Porque tú me decías imagen, pero yo añadiría imagen fotográfica en el sentido de que otras imágenes quizá tienen un estatus más alejado del documento. Pero en el caso de la fotografía yo creo que justamente su esencia está en ubicarse a medio camino.
Me gustaría hablar por un momento de tu exposición Universos. ¿Cómo dialogan entre sí las distintas materialidades sin perder unidad?
La exposición fue concebida como un todo, aunque reúna diversos trabajos. Así que tuve que encontrar una forma de que tuvieran unidad sin perder su identidad. Tanto la unidad del conjunto para explicar un poco lo esencial del discurso, como la identidad de cada trabajo estaban atendidas.
No podría explicarlo en pocas palabras, pero yo creo que todo es una cuestión de proporción: la proporción de cada una de las imágenes, la proporción del conjunto… Podemos extender esta idea a todas las escalas. Porque en realidad me refiero a todas las proporciones, como me pasa también en otros trabajos, en los libros, atiendo a la microestructura y a la macroestructura, a diferentes capas estructurales.
Dices que la imagen incierta abre la puerta a una lectura más poética y emocional. ¿Qué debe conservar una imagen para seguir siendo incierta? ¿Hay algo que prefieras no resolver del todo para que la imagen siga viva?
Prefiero no resolver la obra por completo para dejar un espacio al espectador. Concibo mis piezas como organismos con una vida latente que necesitan de su mirada para volver a despertar. En ese sentido, las imágenes son entes vivos porque están incompletos y necesitan esa participación del espectador.
Lo incompleto como concepto siempre me ha interesado, tal como se expresa en la formalización de las imágenes; utilizo incluso encuadres que dejan espacios vacíos o abiertos. Además, en mis proyectos, una imagen siempre necesita a las demás para completarse, de la misma forma que la obra necesita al espectador.
Aunque no esté en las preguntas, quería incorporar algo al respecto. Para mí, un proyecto artístico incluye muchas imágenes e ideas que, al formalizarse en la obra acabada —ya sea en un fotolibro o en una exposición—, cambian su forma para adaptarse al formato. Ahí es cuando el trabajo es capaz de expresar las ideas que contiene.
Una cosa es el proyecto, que es como la parte sumergida del iceberg; una gran parte nunca va a ver la luz. Al formalizarse en libro o exposición, el trabajo se concreta y se resume para su relación con el espectador. Por ese motivo son formatos tan distintos: la muestra en sala juega con el espacio que el libro, aunque también es espacial, se centra en la secuencia. En definitiva, son estructuras diferentes: la exposición es muy abierta y el libro es una estructura más cerrada que se va abriendo secuencialmente.
Sobre la edición y el fotolibro
Algo que me sorprendió de tu trabajo fue lo cuidadosas que son las ediciones de tus fotolibros, que en sí también son una obra de arte. ¿Qué convierte una secuencia de imágenes en una lectura y no solo en páginas y fotografías individuales?
La clave está en la estructura, con la que yo trabajo mucho. Autores como Jorge Luís Borges o Roberto Bolaño defendían que la estructura de sus relatos era más importante que el argumento. Para mí, la estructura es la forma del conjunto: los bloques que lo integran y cómo funciona la obra a niveles abstractos. El argumento es una concatenación de hechos que sirve para rellenar esa estructura; puede ser la historia de un mercader en Bagdad o la de un barquero en Oslo, pero lo que importa es cómo se construye el relato para poner en cuestión la realidad material y emocional.
Mis libros contienen varios tipos de estructura a diferentes escalas, con varias capas que van desde la doble página a la totalidad de la obra. Por ejemplo, en la mayor parte de mis libros −es el caso de Infinito, Aura, Versus, Roma y Tiempo Cero− la estructura es circular, conecta el principio con el final. A otra escala, la estructura de la doble página se basa más en la resonancia entre las imágenes que la componen
¿Qué crees que puede hacer un fotolibro que no puede hacer una exposición?
La diferencia fundamental reside en que cada soporte permite estructuras diferentes. Aparte de esto, el fotolibro tiene propiedades añadidas: puedes poseerlo, tener una relación más íntima con la obra por su escala y revisarlo muchas veces. Volviendo a la estructura, por poner un ejemplo, una de sus muchas posibilidades es la transparencia ocasional de la página, que es un recurso que he utilizado en ocasiones.
Hay personas que me han dicho algo que me hace muy feliz: vuelven a ver mis libros —sobre todo Infinito— y los revisan de vez en cuando. Pocos libros son revisitados realmente, y supongo que tiene que ver con la posibilidad de leerlos de forma distinta cada vez. En mis trabajos siempre intento que, a través de claves parcialmente ocultas y de la complejidad de esa red de relaciones que he tejido allí, el espectador sienta el deseo de volver al libro.
¿Hay imágenes que solo se entienden plenamente cuando están puestas junto a otras? Ya sea en fotolibros o en exposiciones.
Creo que hay una parte del fenómeno más intelectual, pero otra primaria que es prácticamente perceptual. Hay algo en el automatismo de nuestra percepción que busca la completitud del significado y del objeto. En parte ahí reside la fuerza, casi magnética, que las imágenes tienen cuando se ponen en relación. Al relacionarse, las imágenes cambian su forma y también su significado.
Aprovechando tu pregunta sobre si las imágenes se «entienden plenamente», creo que ninguna imagen se entiende nunca del todo. Ahí reside parte de su magia y su fuerza, conectando con la idea de la incompletitud o de dejar cabos sueltos. Mucha gente teme a lo incompleto porque estamos demasiado acostumbrados al pensamiento racional, que no se queda tranquilo ante lo que no está cerrado.
La palabra «entender» es ambigua; solemos asociarla a lo racional, pero creo que muchas cosas se entienden a niveles inconscientes o irracionales. A las imágenes les pasa precisamente eso: es imposible transcribirlas a un mensaje textual, propio del pensamiento racional, y siempre se escapa una parte del significado.
Me interesa lo que entendemos a través de las imágenes a niveles no racionales. El conocimiento racional no es algo negativo, pero ocupa un espacio tan grande en nuestra sociedad que, a través del arte, podemos reivindicar herramientas de comprensión de la realidad distintas a la razón.
Jorge Wagensberg tiene libros excelentes; uno de ellos es Ideas sobre la complejidad del mundo, un texto breve pero muy denso. A veces tenía que leerlo varias veces porque tiene una densidad real, no como la de quien escribe oscuro para parecer inteligente. Este libro reflexiona sobre los diferentes tipos de conocimiento y las herramientas conceptuales que tenemos para entender el mundo: una sería la científica o racional, otra la artística e incluso habla de la mística como forma de conocimiento.
Cierre
¿Qué te gustaría seguir entendiendo de la fotografía? O algo que creas que no debe quedar inconcluso. Si crees que puede haberlo.
Me gustaría pensar qué se puede hacer con ella que aún ni siquiera sospechamos, poder imaginar sus capacidades no exploradas. Porque tendemos a pensar que está todo hecho y sin embargo creo que queda muchísimo por hacer.
Cómo cambiar nuestra forma de hacer fotografías depende de cambiar nuestra manera de ver el mundo, pues encontrar nuevas posibilidades de fotografiar tiene mucho que ver con encontrar nuevas formas de pensar el mundo −que son las que necesitamos; creo que el arte precisamente puede ayudar a cumplir un papel social que es encontrar nuevas formas de pensar el mundo−. Por lo tanto, esto es lo que me gustaría seguir entendiendo: qué posibilidades tiene la fotografía que ni siquiera sospechamos.
Por último, ¿qué te interesa que permanezca sin resolver?
Me interesa lo incompleto para que haya un espacio, un margen interpretativo para el espectador. También porque lo incompleto crea un efecto de atracción o de resonancia entre unas imágenes y otras que se necesitan para completarse.
No es que me interese no resolver las cosas; es algo tan natural como respirar. Ya hay mucho que permanece sin resolver de por sí, por lo tanto, no requiere un esfuerzo consciente. Simplemente ocurre, y sobre todo, existe un efecto de atracción por lo desconocido.





















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